Eso es lo que siento ahora mismo en mis adentros, en cada una de las células de componen mi humilde y desentonado cuerpo. Orgullo chicharrero, de mi ciudad, de mi tierra, orgullo blanquiazul. Muchos de los que empiecen a leer ésta humilde carta a modo de reflexión estarán señalando erróneamente la razón de este sentimiento. Cierto es que da gusto pasear por los pasillos de la Facultad, por las calle de Madrid o tomar unas cañas con los colegas siendo líder de la 2ª división, y más aún cuando el fin de semana no ha habido "Liga de las Estrellas" y el partido de la roja ha pasado sorprendentemente inadvertido, sumado a poder asistir el fin de semana al XXXI Curso de Fisiología del Fútbol en el que los chicharreros íbamos cuan buchones en el Parque García Sanabria, hinchados. Sí, me siento orgulloso de ser tinerfeño y de que mi equipo sea el líder, pero los tiros van por otro lado... Este orgullo que siento es por un Club que, a base de trabajo y esfuerzo han hecho que el baloncesto femenino vuelva a la primera línea del deporte insular, que las canteranas de las calles de Santa Cruz sean las auténticas abanderadas de un proyecto que rezuma juventud, sueños y esperanza. Hablo del Uni CajaCanarias.
Recuerdo cuando este Club inició su camino hace cuatro temporadas con el único soporte y objetivo de su cantera. No había más, jóvenes jugadoras, jóvenes entrenadores y mucha, mucha ilusión. Sin duda un germen de altísima calidad pero que no es, ni mucho menos, la clave de todo esto. Recuerdo un artículo de Óscar Cuesta (director de Masbasket.com) que se publicó en la primera revista del Club. El entrenador y periodista catalán señalaba "el sentido común" como la clave del éxito del proyecto (y eso que aún no se había debutado en LF2!!). Coincido completamente con él, pero añado un nuevo ingrediente en esta fórmula universal y que ha sido la clave de tan buenos resultados: el trabajo. Sí, es muy fácil hablar de trabajo y esfuerzo, pero el trabajo del que les hablo es del de verdad, del que se siente y se comparte, del que deja noches sin dormir y vacaciones incompletas, del que te quita noches de fiesta y de carnaval, del que te hace ignorante de lo que es una Semana Santa, del que te quita las vacaciones de navidad, del que te da noches de incansable baloncesto... yo les hablo del trabajo con mayúsculas.
Me gustaría no quedarme en los éxitos y triunfos que ha conseguido este grupo de personas durante estos cuatro años, porque es muy fácil decir que se han ganado muchos campeonatos de tenerife, de Canarias e incluso de España (muy fácil decirlo, pero no conseguirlo), quiero ir más allá, quiero ir al verdadero éxito del proyecto. Recuerdo un artículo del maravilloso Agustín Arias (un ejemplo en el seguimiento periodístico de la cantera) que publicaba a doble página el nacimiento de un nuevo club, por aquél entonces Uni Tenerife. El titular era demoledor: "Valentín Santana: queremos ser el abanderado del baloncesto femenino en Canarias". ¿Lo han conseguido? En mi opinión si. Porque, ¿qué es ser el abanderado del baloncesto femenino en Canarias?, ¿jugar en Liga Femenina 1?, ¿ganar Copas Rocnhettis?, cierto es que el Sandra Gran Canaria es un ejemplo a seguir en muchos aspectos del trabajo con la cantera, pero en mi opinión les falta algo, y ese algo lo tiene el Uni.
El equipo chicharrero tiene una dirección técnica que no he encontrado nunca en ningún club. Es un reto personal de unas personas que dedican su vida a ello, pero con dedicación se hace mucho pero no todo. Esta dirección técnica tiene unas dosis de sentido común que apabullan al más preparado, un concimiento del deporte que sonrojarían a más de un experto y un cariño por lo propio, por lo de casa, que avergonzarían a más de un fanático independentista. Los miembros de este "sueño" tenían claro lo que querían, y encima sabían cómo llega a ello. Se rodearon de gente con ilusión y ganas de trabajar y de mejorar y lo han conseguido.
Para suerte del proyecto contaban con una persona preparadísima, ilusionada y trabajadora que estaba dispuesta a tomar las riendas de la "nave principal" para llevarla al objetivo. Una persona exigente y entregada que ha ido recogiendo poco a poco todo tipo de reconocimientos, merecidos y que seguirá alcanzando nuevos éxitos. Ha llevado esa semilla a lo más alto demostrando que con lo de casa se puede. Además, un grupo de entrenadores que trabajan para darle a esa "nave principal" nuevas armas con las que continuar la batalla.
Este Club del que les hablo, y que muchos de los que me leen ahora conocen, ha hecho de "el trabajo de cantera" un término que va más allá de la semántica, una realidad palpable y que hace enorgullecer al tinerfeñismo, o debería. Un hecho que hace que la cantera sea realmente partícipe del proyecto y que porte honrosamente la bandera del equipo, de la ciudad, de la isla. Jugadoras que han crecido en las canchas de El Chapatal y que hoy disfrutan (y en ocasiones cargan a sus espaldas) de minutos de protagonismo y responsabilidad en el primer equipo, todas dirigidas por un cuerpo técnico, en mi opinión, inmejorable. Y por todo ello, es el abanderado del baloncesto femenino en Canarias y me hace sentirme orgulloso de ser canario, tinerfeño, chicharrero y del Uni.
Me gustaría no quedarme en los éxitos y triunfos que ha conseguido este grupo de personas durante estos cuatro años, porque es muy fácil decir que se han ganado muchos campeonatos de tenerife, de Canarias e incluso de España (muy fácil decirlo, pero no conseguirlo), quiero ir más allá, quiero ir al verdadero éxito del proyecto. Recuerdo un artículo del maravilloso Agustín Arias (un ejemplo en el seguimiento periodístico de la cantera) que publicaba a doble página el nacimiento de un nuevo club, por aquél entonces Uni Tenerife. El titular era demoledor: "Valentín Santana: queremos ser el abanderado del baloncesto femenino en Canarias". ¿Lo han conseguido? En mi opinión si. Porque, ¿qué es ser el abanderado del baloncesto femenino en Canarias?, ¿jugar en Liga Femenina 1?, ¿ganar Copas Rocnhettis?, cierto es que el Sandra Gran Canaria es un ejemplo a seguir en muchos aspectos del trabajo con la cantera, pero en mi opinión les falta algo, y ese algo lo tiene el Uni.
El equipo chicharrero tiene una dirección técnica que no he encontrado nunca en ningún club. Es un reto personal de unas personas que dedican su vida a ello, pero con dedicación se hace mucho pero no todo. Esta dirección técnica tiene unas dosis de sentido común que apabullan al más preparado, un concimiento del deporte que sonrojarían a más de un experto y un cariño por lo propio, por lo de casa, que avergonzarían a más de un fanático independentista. Los miembros de este "sueño" tenían claro lo que querían, y encima sabían cómo llega a ello. Se rodearon de gente con ilusión y ganas de trabajar y de mejorar y lo han conseguido.
Para suerte del proyecto contaban con una persona preparadísima, ilusionada y trabajadora que estaba dispuesta a tomar las riendas de la "nave principal" para llevarla al objetivo. Una persona exigente y entregada que ha ido recogiendo poco a poco todo tipo de reconocimientos, merecidos y que seguirá alcanzando nuevos éxitos. Ha llevado esa semilla a lo más alto demostrando que con lo de casa se puede. Además, un grupo de entrenadores que trabajan para darle a esa "nave principal" nuevas armas con las que continuar la batalla.
Este Club del que les hablo, y que muchos de los que me leen ahora conocen, ha hecho de "el trabajo de cantera" un término que va más allá de la semántica, una realidad palpable y que hace enorgullecer al tinerfeñismo, o debería. Un hecho que hace que la cantera sea realmente partícipe del proyecto y que porte honrosamente la bandera del equipo, de la ciudad, de la isla. Jugadoras que han crecido en las canchas de El Chapatal y que hoy disfrutan (y en ocasiones cargan a sus espaldas) de minutos de protagonismo y responsabilidad en el primer equipo, todas dirigidas por un cuerpo técnico, en mi opinión, inmejorable. Y por todo ello, es el abanderado del baloncesto femenino en Canarias y me hace sentirme orgulloso de ser canario, tinerfeño, chicharrero y del Uni.

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